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Testamentos, herencias, divorcios, particiones…

Este virus es tan desconocido como perverso. Nadie acierta. Sin entrar en los diagnósticos y previsiones sanitarias, que ninguna acertó, las económicas sí, fueron peores para muchos y mejores para pocos, como en cualquier crisis. Esa es la ventaja de los economistas, que siempre aciertan en el análisis de lo que ocurrió ayer y fallan en el de mañana, así que un cincuenta por cien, no está mal.
Las previsiones jurídicas siguieron peor media. Lejos de acertar al aventurar un colapso de reclamaciones de todo tipo, estas no han sido tales. El desánimo y el concepto jurídico de causa de fuerza mayor se han ocupado de ello, en términos generales.
Donde sí ha recaído esa triste “fuerza mayor” ha sido en la notarías: las muertes han llevado a un colosal aumento de herencias, testamentos, declaraciones de herederos y liquidaciones. Donde se creía que íbamos a exprimir al Estado con reclamaciones, ha sido “Papa Fisco” quien nos ha exprimido a nosotros.
“Divide y vencerás”, tiene que ser el eslogan del Estado, que no del justiciable, porque, además, separaciones y divorcios, la otra gran secuela del virus, llevan siempre a una pérdida de bienestar de los progenitores.
Los abogados nos hemos adaptado y reconvertido, no queda otra, en la crisis, siempre está la oportunidad y yo soy un convencido de ello.

Modelo de negocio: Robisco Abogados

No ha pasado un año, ni siquiera el virus pasó, pero he conseguido desarrollar, “casi” sin querer, un nuevo modelo de negocio.

Explotar las habilidades ocultas de una “profesión” (la política, aunque cualquier otra puede valer para el modelo), me permitió sacar lo mejor de ella, aunque bien es cierto, que recojo ahora, lo que entonces sembré.

Fui cuidadoso con quien consideraba buen profesional y enormemente respetuoso con los técnicos. Luego, cuidé y admiré a la gente sencilla.

Sin quererlo, me han devuelto el doble de lo que di.

Las pequeñas señales de los golpes me siguen doliendo, como a cualquiera, pero se han convertido en imprescindibles en mi modelo de negocio.

Y lo más importante lo atendí, cuide mi profesión, la compatibilicé y me formé. Sin quererlo, pero con mucho esfuerzo, preparé el cóctel.

Formación, profesión, conocimiento y relaciones públicas.

¿Es esto suficiente? No. Falta el olfato y la vista. Y por último, el sentido común.

Cambié mi temor y mi vergüenza, por convencimiento y atrevimiento. Cambié mi ignorancia digital, por pinchar sin miedo en las redes sociales y descubrí la publicidad gratuita, uno de los secretos del modelo. Hay que ser un “jeta digital”.

Aprendí a que jamás se escapa un cliente. Lo aprendí, porque de joven los perdí.

Y busque la garantía y la seguridad profesional, una vez más, en mi instinto y en mis relaciones sociales.

No os lo he contado del todo, porque me falta ganar el dinero que considere que vale, cuando, además, lo concluya.

Y la última clave, la principal, la que no falla si no se olvida, la humildad. De la soberbia, que la tuve, aprendí, que el negocio está en la humildad y en la generosidad (“el que regala bien vende”). Este consejo lo aprendí de mis AMIGOS.

Así que todavía me queda, me queda seguir con el modelo y cuando toque, contarlo, pero como veis, contar lo que interese contar.

 

23/11/2020

Bienvenidos

Buenas noches, quería inaugurar mi blog dentro de mi página personal invitándolos a que lo visiten.

En este espacio iré añadiendo contenidos jurídicos de actualidad relacionados con nuestra gran pasión, la abogacía.

Aprovecho para mandarles a todos un cordial saludo.